Recuerdo. Cuando aprendía a leer con apenas tres años de edad, ya miraba tebeos (o cómics). Miraba los dibujos pero también intentaba descifrar la historia que ocurría entre sus páginas. Tebeos españoles como ‘Zipi y Zape’, ‘Mortadelo y Filemón’, y algún que otro ‘Pulgarcito’ de mis hermanos mayores, fueron los predilectos por mí para divertirme muchos ratos. El dibujo de Escobar en sus ‘Zipi y Zape’ me transmitía ternura, y hoy también la felicidad de cuando se es niño. En cambio, el dibujo de los ‘Mortadelo y Filemón’ de Ibáñez me transmitían sensación de aventura y gamberrismo. Hoy día me transmiten lo mismo. En los ‘Pulgarcito’ se adivinaban sensaciones muy diversas, pues agrupaba numerosas historietas de muchos autores diferentes. Pero todas sensaciones agradables y buenas. Con 8 o 9 años comencé a leer y mirar algún que otro ‘Superlópez’ de JAN. Pude tener algunos gracias a los sobres sorpresa que incluían (aleatoriamente) 3 o 4 tebeos del héroe en cuestión con las esquinas recortadas. Imagino que eran restos de stock. Aunque no estoy seguro del motivo real. El dibujo de ‘Superlópez’ me transmitía muchísimo carisma y personalidad. Y hoy día me lo sigue transmitiendo.
Por otra parte, no sólo leía, o miraba los dibujos, de tebeos españoles. También me maravillaban los cómics de DC Cómics, principalmente de ‘Superman’ y ‘Batman’. Y la variedad de estilos de dibujo diferentes que iban asomándose entre sus páginas, según tal o cual autor.
La etapa que más me voló la cabeza, por historia, pero más aún por dibujo, fue la de ‘La muerte de Superman’. Donde un autor llamado Jon Bogdanove dibujaba de manera expresiva y portentosa y me cautivó. Su dibujo me transmitía fuerza, y aún a día de hoy me la transmite.
En definitiva, y en mi humilde opinión, los cómics son aventuras, sensaciones, sentimientos, carisma, personalidad, historias… Todos y cada uno de los cómics (o tebeos) que pasen por nuestras manos dejarán algo en nuestras mentes y nos harán volar la imaginación. Amueblarán nuestra alma y, si somos un poco creativos, nos harán soñar que podemos crear algo que amueble el alma de los demás.
Así, recomiendo la lectura de ‘100 años de Pulgarcito’ de Antoni Guiral, editado por Penguin Random House.

